Soy
una mujer sin rumbo fijo, intento viajar lo máximo posible, si no encuentro un
trabajo en mi ciudad me mudo sin miedo, los trabajos no me duran más de un año,
siempre terminan aburriéndome soberanamente. He trabajado como dependienta en
tiendas de ropa, también en perfumerías en las que incluso he maquillado a
clientas, he ayudado a wedding planner a organizar las mejores bodas, he
trabajado en oficinas en las que estar durante ocho horas en un ordenador llega
a ser desmotivador, he sido azafata de eventos e incluso he llegado a ser
camarera. Ninguno de esos trabajos me ha llenado lo suficiente.
Ahora
estoy en modo standby, necesito tiempo para mí y he logrado convencer a una
amiga para hacer una escapada este fin de semana a Oporto.
En
cuanto llegamos al hotel, fuimos a hacer turismo por la zona, reímos, hicimos
el tonto y muchas fotografías para recordar. Nos subimos en el tan famoso
tranvía y conocimos a un grupo de chicos de por allí, nos fueron enseñando su
ciudad, e incluso lugares escondidos que por nosotras mismas ni hubiéramos
conocido y que eran preciosos.
Fue
un viaje especial, lo que iba a ser una escapada de dos amigas se convirtió en
salidas en grupo durante todo el fin de semana, estuvimos de fiesta en las
mejores discotecas de por allí, llegó a tal punto nuestro nivel de alcohol que
empezamos a perder la cabeza. Mi amiga y yo salimos corriendo de la discoteca,
los chicos nos siguieron sin entender nada. Fuera estaba amaneciendo y la playa
estaba cerca, cuando llegamos a ella mi amiga y yo nos quitamos toda la ropa y
nos bañamos desnudas en el mar. Los que se habían convertido en nuestros amigos
nos miraban atónitos y nos decían que saliéramos que nos podrían multar, pero
fue al revés nosotras desde el agua les pudimos convencer de que se bañaran con
nosotras y así fue.
Cuando
salimos del agua y nos vestimos era domingo, y teníamos que volver a la
realidad, nos despedimos de ellos y les invitamos a ir a nuestra ciudad cuando
ellos quisieran. En el coche de camino de vuelta no paramos de hablar sobre el
viaje, y lo perfecto que había sido, de fondo se escuchaba una canción de
Extremoduro que decía "me inventé mil maneras de perder la cabeza es más
sencillo así". No paramos de reír, era la historia de nuestro viaje y
sobre todo de mi vida en una frase.

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