sábado, 23 de mayo de 2020

Lagunas.

Estábamos en una casita rural, la habíamos alquilado entre amigos para sobrellevar el trabajo y el caluroso verano, y por supuesto para poder pasar algo más de 3 horas juntos.

La casa estaba pegada a una laguna en la que podríamos bañarnos de forma privada, disfrutar de un baño con una cerveza en la mano, salir del agua y comer de la barbacoa que teníamos al lado, o incluso bañarnos desnudos. No necesitaríamos nada más, sólo nuestra compañía.

Íbamos a pasar una semana allí, y lo que todo parecía que iba a ser maravilloso, empezó a ponerse feo cuando uno se duchaba y después no limpiaba el baño quedando todo mojado, cuando otro no hacía nada más que comer sin dejar comida a los demás, cuando todos parecíamos señoritos y pensábamos que teníamos servicio de limpieza (ni os imagináis la basura y suciedad que eso abarcaba). Empezaron las discusiones, ahí supe que el resto de días de convivencia se harían largos, aunque sólo quedaban dos.

¿Sabéis eso de que en todos los grupos hay una persona conciliadora? Es real, justo la persona que no supo hasta última hora si podría acompañarnos en el viaje fue la que movió cielo y tierra para que entre todos volviera la buena armonía, y lo consiguió. No fueron las vacaciones perfectas pero si de las más especiales.

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