domingo, 13 de noviembre de 2011

Aquí y ahora.

+ ¿Y tú?... ¿Que quieres tú...? 

- ¿Yo? a tí ... pero me conformaría con un momento, sólo uno. Perfecto y suficiente para el resto de la vida.

+ Eso es muy fácil, ¿para cuándo?

- ¿Qué tal ahora? Yo no quiero un para siempre... Yo quiero un ahora, y ahora, y ahora, y ahora... Y quiero un montón de ahoras.

Besos.

Un beso es sólo un beso. 
Sólo tiene la importancia que tú quieras darle. 
Puede no significar nada... O puede cambiarlo todo.

A veces la vida es perfecta, ¿verdad?

Tiene que serlo. Para compensar todos los inconvenientes que se te presentan. Tienes que aprender a andar, tienes que ponerte ese sombrero tan ridículo que te compró tu abuela. No tienes ni voz ni voto. Y cuando ya eres un poco mayor, aunque puedes escoger los sombreros, no puedes elegir los ingredientes de las albóndigas de la cafetería. Ni cuándo enamorarte. Las cosas ocurren y tienes que arreglártelas.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Lets get out of this place.

Qué miedo. Por un momento pensé que me había quedado sin palabras. Sin adjetivos, sin verbos, sin comas y sin tildes. Pensé que solo me quedaba un punto final por poner a esta historia. Menos mal que me equivoqué. Puede que no me queden palabras para ti, pero tengo un montón de silencios. Y tú mejor que nadie sabes lo que ellos encierran... Pero, volviendo a mí, supongo que callarme nunca estuvo entre mis planes. Simplemente necesitaba un paréntesis. O dos. Unos cuantos espacios para dejar atrás incisos que duelen. Y también fue buena idea darle varias veces al "Enter". Hoja nueva. ¿Vuelta de página? No, cambio de libro. Y seguir con mi paranoica verborrea, que aún me quedan muchas cosas por decir. Pero, eso sí, a partir de ahora con la certeza de que las personas no se olvidan, solo dejan de importar.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Un rosa, pero rosa chillón.

Un niño era completamente dichoso con una simple caja de pinturas de colores. Cada día probaba un color diferente, hacía garabatos que luego mostraba a su orgullosa madre. Se acostaba tarde, hasta que no exprimía toda la pintura en líneas abstractas sobre un papel, no dormía. Y día tras día repetía lo mismo: dibujaba con un único color. Una mañana nada más amanecer, corrió con unas ganas locas hasta su caja de colores; esperando descubrir nuevos mundos con su pintura, pero sólo quedaban dos: una negra y otra rosa. El niño se debatió entre qué pintura escoger, pero se decantó por la rosa.
Al fin y al cabo la vida es del color del que tú quieras pintarla.