Él es encantador, tiene sus cosas pero, ¿quién
no las tiene? Nos enfadamos por cualquier tontería pero al fin y al cabo eso es
el amor, disfrutar de los buenos momentos y aguantar en los malos, o al menos eso
es lo que pensaba.
Hubo un momento en el que apenas podía hablar
por mí misma, ni siquiera hacer o actuar como yo quería por el hecho de que él
terminaba enfadado. Dejaba de hablarme, me bloqueaba pero al cabo de unos días
hablábamos y todo volvía estar igual. Estas escenas cada vez eran más
repetitivas. Se lo decía a mis amigas, necesitaba desahogarme, escuchar qué me aconsejaban pero sobre todo
necesitaba entender porqué.
Mis amigas siempre me decían que parara, que me
valorara mucho más, que no dejara que nadie me dijera qué puedo decir o hacer, se
quejaban de que era débil, que el día menos pensado él podía acabar conmigo, no
hablo de daño físico pero si psicológico. Y llegó el día en el que lo entendí, supe
que no era la misma persona, que él me había cambiado, que él me había cohibido tanto que ni yo misma me había dado cuenta. Había tardado demasiado en entenderlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.