El tiempo lo
arregla todo. No hay miedos, no hay heridas ni pérdidas, no hay dolor, todo se
supera. Las relaciones, las amistades, la familia, o simplemente las cosas
pueden romperse, perderse, pero nunca desaparecer.
Aprendemos a dar
importancia a lo que verdaderamente nos hace felices y empezamos a pensar en
eso, olvidando todo lo malo que nos pasa.

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