viernes, 5 de junio de 2020

Juego.

Terminaba el verano y comenzaba un nuevo curso, en el pueblo se rumoreaba que había venido a vivir una nueva familia.

Era el primer día de instituto y nuestro último curso si todo salía bien. Mis amigos y yo quedamos como siempre para ir a clase, llegamos pronto así que estuvimos charlando fuera hasta que llegara la hora de entrar y sonara el timbre. De repente, mis amigos se alejaron dejándonos a algunos de lado, venían tres chicos, no sabía quiénes eran pero entonces me acordé de que vendría gente nueva. Eran guapísimos, morenos y con ojos azules, se parecían mucho entre ellos.

Entramos en clase y nos sentamos con quien quisimos pero como siempre, los profesores nos cambiaron y nos sentaron por orden de lista. Me tocó sentarme con el chico nuevo, Marco. Intenté hablar con él pero no me hacía mucho caso, parecía tímido aunque a ratos me vacilaba, era un poco raro.

Pasó un mes y mi compañero de pupitre empezó a juntarse con nosotros, era encantador con mis amigos, se reía a carcajadas con ellos pero también se metía en muchos problemas. En clase, había días que iba, otros no, algunas horas estaba y otras desaparecía, algo se traía entre manos pero no era asunto mío.

Yo empecé a jugar a su mismo juego, si quería estar con mis amigos pero no conmigo no iba a hacer nada para que cambiara de opinión. Él no había tenido intención de conocerme desde el primer momento y me estaba tratando mal, con estar con mi gente de siempre tenía suficiente.

Mis amigas y yo apostábamos sobre con quien iba a ligar ese fin de semana el nuevo. Desde que estaba allí, Cada sábado que salíamos ligaba con una chica diferente y se marchaba con ellas, mis amigos le alababan y envidiaban a partes iguales, era todo un machito. Si eso lo hacemos nosotras, seguro que nos tratarían de guarras. Estábamos de fiesta y las chicas se arremolinaban entre todos nosotros, las chicas y yo nos acercábamos y les dábamos conversación, parecía que éramos amigas de toda la vida.

Empezó a sonar “tusa” y nos fuimos a la pista de baile, nos encantaba. No sabíamos bailar pero hacíamos lo que podíamos, nos sorprendió ver a nuestros amigos acercarse a bailar con nosotras y entre todos perreamos y reímos. Después de ese baile, siguieron muchos más, hasta que Marco me cogió del brazo y me sacó fuera.

No sé si fue el alcohol, pero habló conmigo de una forma muy sincera. Me explicó que su familia se había mudado porque tenían problemas económicos y aquí su padre había encontrado trabajo, me dijo que su madre estaba enferma pero que se curaría, se disculpó por haber sido tan cortante conmigo, y me sorprendió cuando me dijo que no quería enamorarse, que con todas esas chicas con las que se había ido los fines de semana no habían significado nada y que se iba con ellas para acercarlas a casa y él se iba a la suya (no sabía si creerme esa parte o no), que se saltaba clases para no torturarse conmigo... Ahí terminó la conversación, me besó.

Habíamos jugado a torturarnos cuando en verdad queríamos amarnos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.