martes, 2 de junio de 2020

Festival.

Es verano, estoy de festival con mis amigos en un sitio de playa, está abarrotado de gente. Nos alojamos en un apartamento que pilla a diez minutos del festival, y para tres días que dura y sólo ir para ducharnos y cambiarnos de ropa, suficiente.

Entre un grupo y otro no hay descanso, hay varios escenarios y ya nos hemos recorrido todos, no paramos de bailar, de cantar y de beber cerveza. Si no nos gusta algún grupo de música nos vamos a seguir bebiendo a la playa y de paso nos refrescamos en el mar. Os diría que ojalá la vida fuera esto pero no creo que pudiera vivir para contarlo.

Hemos conocido a gente de todas las ciudades, incluso nos hemos hecho amigos de un grupito bastante majo que acampa en la playa. Había un chico con el pelo castaño con algún que otro reflejo más clarito por el sol, lo tenía largo aunque lo llevaba recogido en un moño, estaba fuerte pero no fuerte de ir todos los días al gimnasio. Sus ojos eran marrones, su boca finita y sus dientes perfectos.

Durante todo el día noté miradas suyas hacia mí e intención de querer acercarse, quizás porque me había obsesionado con él. Mi intuición no fallaba, vino hacia mí diciéndome “¿qué tal guapa? No hemos hablado aún tú y yo”. Me derretí, iniciamos una conversación en la que estaba histérica, poco a poco me fui relajando, nos reíamos juntos y entonces surgió, me besó. Estábamos rodeados de amigos que nos miraban con la boca abierta así que decidimos alejarnos e ir a un sitio más tranquilo.

Fuimos a una pequeña cala donde no había nadie, él había veraneado más veces allí y conocía aquello a la perfección. Nos bañamos juntos, jugamos con el agua y nos besamos, nos deseábamos y dimos rienda suelta a la pasión llegando los dos al clímax. Esa noche ninguno de los dos volvimos con nuestros amigos.

Éramos de dos ciudades distintas que estaban a unos 120 kilómetros, yo estaba dispuesta a recorrerlos, y era el momento de hablar. Pensé que iba a entusiasmarle la idea, tampoco estábamos tan lejos y aunque cada uno tenía cosas que hacer podríamos vernos algún fin de semana, mientras se lo decía estaba de los nervios y todo hubiese estado bien si él no me hubiera contestado con una negativa.

“Me encantas pero no busco nada serio, prefiero ser un alma libre”.

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