Éramos
novios pero quedaba mucho más con mis amigas que con él, tenía muchos detalles y
se notaba que le gustaba pero había algo que me hacía desconfiar. Al
tiempo lo descubrí, era enfermizo, si me iba a la biblioteca a hacer un trabajo
con compañeros de clase tenía que decirle a cada momento qué hacía. Si
estábamos un sábado por la noche en cualquier sitio y entablaba conversación
con conocidos, ponía morros. Si hablaba y era cariñosa con sus amigos, me
gustaban.
Perdí
muchas amistades y le eché la culpa a él, cuando verdaderamente la culpable
había sido yo por hacerle caso. Llegó un momento en el que no pude más y le dejé, ni siquiera sé si realmente alguna vez le quise.
Pasaron
meses, en los que conocí a un chico, me gustaba e intentaba quedar lo máximo
posible con él, era feliz. Una noche al volver de fiesta en su coche, él se dio
cuenta de que alguien nos seguía, yo no veía nada así que pensé que estaba
bromeando y seguimos el camino. Al llegar a casa, estuvimos un rato más
hablando y besándonos, se nos había hecho demasiado corta la noche y necesitábamos
más. Al mirar por el retrovisor él vio una sombra de alguien acercándose. Cuál
fue mi sorpresa al ver a mi ex con ganas de pelea y gritando “ella es mía”.
Sabía
que siempre había estado obsesionado, pero después de tanto tiempo pensaba que
se habría olvidado de mi, al igual que yo hice de él. No fue así, pero después
de esa noche no supe más de él y yo lo agradezco.

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