Creo que a veces
vemos o hacemos nuestra vida más complicada de lo que ya es por sí misma. Tal
vez inocentemente por miedo, por miedo a reacciones, a consecuencias, o tal vez
por quedarnos solos, quizás por perder a personas que queremos, a gente
importante en el día a día, nos preocupamos demasiado porque todo sea perfecto,
porque todo salga bien, y nos olvidamos de la sinceridad, de lo que uno
realmente siente dentro; porque a veces lo más sabio no es hacer lo correcto;
si no seguir a tu corazón, hacer lo que realmente sientes en cada momento.
Llega una edad en que dejas de ser un niño, y ya no hay que intentar arreglar
todo con un “hacemos las paces”; porque no nos damos cuenta que a lo mejor no hay
nada que arreglar, por miedo a la presión, a lo que piensen los demás...
muchas veces nos olvidamos de cosas fundamentales... como reforzar tus
amistades, con tan solo una tarde de risas, de recordar buenos momentos, de
hacer el tonto, de decir estupideces o gritar bajo la lluvia mientras todo el
mundo te mira o cantar con tu mejor amigo, sin importar la cantidad de gallos que
sueltes por segundo. A veces creo que hay que olvidarse un poco del mundo y
centrarte en ti mismo por una vez, despreocuparte un poquito de los demás y
vivir grandes momentos junto a grandes personas.
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